Como una semilla que a tierra va a parar... La semilla comenzará a recibir ese calor tan ansiado, como un niño pequeño al salir del viente de su madre. Poco a poco se irá abriendo... dejará ver su aún débil tallo, sus raices aún delgadas comenzarán la búsqueda de alimentos para su alma. Crecerá y crecerá, despacito... pero con paso firme, sin prisa, asegurando cada movimiento, procurando no topar con las zarzas que la arañan y hiren. Continuará su viaje hasta el cielo azul, nada la podrá parar. El tallo, cada vez mas fuerte se abre paso sobresaliendo de sus cercanos vecinos, crece y crece arropado por el calor de los rayos de sol de un atardecer de junio. Sonriendo se alza, fuerte como una roca, sobre un mar de tierra se levanta libre este robusto roble.
Quién iba a decir que cuando la semilla calló a tierra... hacía frío y nieve, viento y tormenta, oscuridad total...Pero la pequeña semilla se dio cuenta de que era mejor luchar y sufrir para ser grande y fuerte que esperar la muerte. Se dio cuenta de que la vida no consistía en no querer morir, sino en querer vivir.
(Para ti, porque esta frase me llegó, gracias por estar siempre ahí).
EL CONSTRUCTOR

sin prisa pero sin pausa...
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